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Formas jurídicas de empresa. Constitución de empresas

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Formas jurídicas de empresa, tamaño de la empresa

A la hora de constituir una nueva empresa existen diferentes modelos jurídicos que se adaptan a las características particulares de cada una de ellas. El tipo de actividad económica que se desarrollará, la cantidad y la responsabilidad de los emprendedores, el capital disponible y los aspectos fiscales son los principales factores que determinarán la forma jurídica que adoptará la sociedad.

Para ayudarte con este proceso, en este artículo vamos a explicarte qué son exactamente las formas jurídicas de empresa, qué posibilidades existen, y cuáles son las principales características de cada una de ellas.

Tipos de formas jurídicas para la constitución de empresas. ¿Qué son las formas jurídicas de empresa?

Una forma jurídica es la identidad que asume una empresa a nivel legal cuando se constituye. En función de quiénes sean sus propietarios y las responsabilidades de los mismos ante el estado, existen cuatro tipos de forma principales: persona física, sociedades sin personalidad jurídica, sociedades mercantiles, y sociedades de economía social.

A su vez, cada uno de estos cuatro grupos está formado por varios subtipos de empresa. El listado completo es el siguiente:

  • Personas físicas: Empresario individual y Emprendedor de responsabilidad limitada.
  • Sociedades sin personalidad jurídica: Sociedad civil y Comunidad de bienes.
  • Sociedades mercantiles: Sociedad limitada, Sociedad limitada de formación sucesiva, Sociedad limitada nueva empresa y Sociedad anónima.
  • Sociedades de economía social: Sociedad laboral y Sociedad cooperativa.

A continuación veremos en qué consiste cada una de ellas.

1- Formas jurídicas de personas físicas

La principal característica de este grupo de formas jurídicas de empresa es que una sola persona (el empresario individual) es la responsable de la actividad económica.

La principal diferencia entre los dos subtipos que existen es si el empresario tiene responsabilidad limitada o ilimitada; es decir, si la comopañía genera pérdidas, ¿tendrá que encargarse la persona de pagar las deudas con su capital personal? ¿O, por el contrario, tan solo podrá exigírsele que desembolse dinero proveniente del capital inicial con el que constituyó la empresa?

Empresario individual

El empresario individual es una persona que, por medio de una empresa, lleva a cabo en su propio nombre una actividad económica. El concepto es muy similar al de Autónomo, y de hecho estos individuos tendrán que tributar a la Seguridad Social como si perteneciesen a este colectivo.

Las principales ventajas de esta forma jurídica de empresa son las siguientes:

  • No se requiere ningún capital inicial.
  • Los impuestos son muy bajos, ya que tan solo habrá que pagar el IRPF a Hacienda.
  • No es necesario realizar ningún trámite previo para ser considerado empresario individual. De hecho, estas personas ni siquiera necesitan darse de alta en el Registro Mercantil, aunque pueden dar este paso si así lo desean.

Debido a ello, se trata de una de las mejores formas jurídicas de empresa para aquellas personas que están comenzando con su actividad económica, que todavía no facturan mucho y no tienen empleados, o que simplemente quieren ahorrarse complicaciones y escoger la opción más sencilla.

Emprendedor individual de responsabilidad limitada

El concepto de emprendedor individual de responsabilidad limitada (también conocido por las siglas ERL) es muy similar al de autónomo o empresario individual. La principal diferencia con estas dos figuras es que el ERL protege su vivienda legalmente su vivienda de las posibles deudas que pueda generar su actividad profesional.

Así, una persona que se constituya como emprendedor de responsabilidad limitada tendrá que responder a las deudas que genere a terceras personas con todos sus bienes, exceptuando su vivienda si el valor de la misma no supera los 300.000 euros (o 450.000 en el caso de propiedades situadas en poblaciones con más de un millón de habitantes).

Aún así, darse de alta como ERL no protege totalmente la vivienda del emprendedor contra todo tipo de deudas: tan solo lo hace con aquellas generadas durante el ejercicio de la actividad profesional. Por otro lado, en algunos casos incluso este tipo de deudas pueden costarle su hogar a la persona, como por ejemplo si han sido generadas debido a un fraude fiscal o a una negligencia grave en su ejercicio profesional.

Aparte de esto, constituirse como emprendedor individual de responsabilidad limitada requiere llevar a cabo una serie de pasos extra que los autónomos corrientes no tienen que dar. En concreto, son los siguientes:

  • Declarar ante notario la voluntad de constituirse como ERL. Durante este proceso será necesario que la persona indique qué tipo de actividad económica tiene intención de ejercer. Además, tendrá que indicar los datos de la vivienda que quiere proteger contra las deudas. Recientemente, se ha abierto la posibilidad de llevar a cabo este paso de manera virtual, presentado a través de Internet una instancia en el Registro Mercantil mediante firma electrónica.
  • Inscribir o bien la instancia o bien el acta notarial en el Registro Mercantil.
  • Actualizar los datos de la vivienda en el Registro de la Propiedad, de tal manera que quede constancia de que la misma pertenece a un emprendedor de responsabilidad limitada.

Después de esto, el autónomo pasará a pertenecer a esta categoría, lo que tendrá que mostrar en todos sus documentos añadiendo las siglas “ERL” después de su nombre, apellidos, y demás datos fiscales.

Por otro lado, el empresario tendrá que auditar sus cuentas anuales relacionadas con la empresa que acaba de formar, además de depositarlas en el Registro Mercantil cada año. De no hacerse esto dentro del plazo marcado por ley, perderá su condición de emprendedor de responsabilidad limitada. Eso sí, una vez que presente las cuentas y se compruebe que todo está en orden, podrá volver a darse de alta con esta forma jurídica.

Por lo tanto, esta forma de empresa está especialmente indicada para aquellos autónomos que vayan a llevar a cabo una actividad de alto riesgo, con la que creen que pueden conseguir grandes beneficios pero que también pueden suponerles pérdidas importantes.

2- Sociedades sin persona jurídica

Algunas formas jurídicas de empresa no requieren la creación de una nueva entidad para llevar a cabo la actividad económica. Por el contrario, las personas que las constituyen ponen en común sus recursos, destrezas y conocimientos con el objetivo de alcanzar una meta común. Este tipo de empresa se conoce como “sociedad sin persona jurídica”.

Dentro de este grupo, existen dos formas de empresa principales: las Sociedades civiles, y las Comunidades de bienes. Veamos cada una de ellas.

Sociedad civil

La sociedad civil es una forma de empresa por la cual una serie de personas, mediante un contrato, ponen en común una serie de recursos (como por ejemplo bienes, dinero o habilidades) con el objetivo de generar un beneficio mayor de lo que podrían conseguir por separado, y repartírselo. Algunas de sus características más importantes son las siguientes:

  • Al igual que en el caso de los empresarios individuales, las personas que forman parte de una sociedad civil tienen responsabilidad ilimitada. Esto quiere decir que, en el caso de que se produzcan pérdidas muy importantes debido a la actividad económica desempeñada, tendrán que cubrirlas con sus propios ahorros, bienes o inversiones.
  • No requieren un capital mínimo, es decir, la actividad económica puede comenzar tan pronto como todas las partes han aportado los bienes que habían pactado.
  • No es necesario que exista una escritura pública si no se aportan derechos reales o bienes inmuebles. Por el contrario, las partes integrantes tan solo tienen que firmar un contrato.
  • Las decisiones de una sociedad civil se toman democráticamente, aceptando las opiniones de la mayoría de los miembros.
  • Todos los integrantes reciben una compensación económica en proporción a la aportación que realizaron inicialmente.
  • Una sociedad civil tiene que estar siempre activa, es decir, siempre tiene que estar llevando a cabo algún tipo de actividad económica. En el momento en el que esto deje de ser así, deberá ser disuelta.

Por otro lado, a pesar de formar parte de las formas jurídicas de empresa clasificadas como “sin personalidad jurídica”, una sociedad civil puede tener una si sus integrantes así lo desean. Las que son constituidas ante notario son conocidas como sociedades civiles públicas, en contraposición con las privadas, que son aquellas que se constituyen solamente mediante un contrato entre sus integrantes.

Existen varios tipos de sociedad civil en función de los bienes y propiedades que se comparten entre los socios. Así, los tres principales son los siguientes:

  • Sociedad civil particular. Los socios tan solo comparten determinados objetos, posesiones, propiedades o habilidades.
  • Socidad universal de todas las ganancias. Los socios comparten todo aquello que consigan a partir de la formación de la empresa. Sin embargo, tanto los bienes muebles como los inmuebles que ya poseían de antemano siguen siendo de su propiedad privada, compartiéndose tan solo el usufructo de los mismos.
  • Sociedad universal de todos los bienes presentes. En ellas, todos los bienes de los miembros pasan a ser propiedad de la empresa, incluidas por ejemplo sus viviendas particulares.

Las sociedades civiles pertenecen a las formas jurídicas de empresa que tributan mediante el IRPF. Se trata de un tipo de organización que permite que los componentes de la misma tengan bastante libertad a la hora de administrarse y disponer de todos sus bienes, por lo que puede ser una buena elección para algunos grupos de emprendedores.

Comunidad de bienes

El segundo tipo de sociedad sin persona jurídica es la comunidad de bienes. Se trata de una unión de dos o más personas que han decidido poner en común sus bienes con la intención de realizar algún tipo de actividad económica. Los socios (llamados comuneros) son los encargados de decidir el rumbo de la compañía, que por lo tanto no tiene por qué tener una finalidad específica.

Las comunidades de bienes también se caracterizan porque no es necesario contar con un capital mínimo para su constitución: cada socio aportará lo que crea necesario para llevar a cabo la actividad para la que ha sido creada. Sin embargo, todos ellos tienen responsabilidad ilimitada; es decir, que en caso de contraer deudas, tendrán que pagarlas de su propio bolsillo, utilizando para ello los bienes que poseían antes de la constitución de la empresa si fuese necesario.

Por otro lado, no hace falta que los comuneros redacten una escritura pública de constitución, sino que un contrato privado estipulando las condiciones del acuerdo es suficiente para crear esta forma jurídica de empresa. Todo esto también conlleva que una comunidad de bienes nunca puede tener personalidad jurídica.

Generalmente, los miembros de una comunidad de bienes deben tomar todas sus decisiones de manera democrática, teniendo cada una de las propuestas aceptadas más de la mitad de los votos. Los beneficios se reparten entre los comuneros en función de la cantidad inicial que estos han aportado a la asociación.

Por último, es importante señalar que debido a que no hace falta ningún tipo de alta para formar una comunidad de bienes, esta puede permanecer inactiva durante un periodo de tiempo indefinido y seguir existiendo aún así. Sus miembros tan solo tendrán que pagar el IRPF, y no tienen necesidad de liquidar el impuesto de sociedades.

3- Sociedades mercantiles

Las sociedades mercantiles son formas jurídicas de empresa cuyo objetivo es llevar a cabo algún tipo de actividad mercantil o económica. Se trata de entidades con personalidad jurídica propia, que se diferencia de las de sus miembros.

Utilizando su propio patrimonio, este tipo de empresas tratan de generar un beneficio ofreciendo algún tipo de producto o servicio. Todas ellas, además, tributan en el régimen de sociedades, y están sujetas a normas e impuestos diferentes a los de los tipos de compañías que hemos visto hasta ahora.

Existen cuatro tipos principales de sociedades mercantiles: sociedad limitada, sociedad limitada de formación sucesiva, sociedad limitada nueva empresa, y sociedad anónima. A continuación veremos en qué consiste cada una de ellas.

Sociedad limitada

Una sociedad de responsabilidad limitada, o simplemente sociedad limitada (SL), es una de las formas jurídicas de empresa más extendidas en nuestro país. Se trata de una buena opción para todos aquellos autónomos que quieran minimizar su responsabilidad sobre su negocio, de tal manera que no tengan que pagar con sus propios bienes las deudas generadas por su actividad comercial.

El número de socios de una SL puede ser tan bajo como uno solo (en cuyo caso se conoce a la empresa como “sociedad limitada unipersonal”), aunque no existe límite por arriba. Los participantes tienen responsabilidad solidaria entre ellos mismos, pero de cara a la empresa solo tienen que responder con el capital que habían aportado en un principio.

A la hora de forman una sociedad limitada, existe un capital mínimo legal de 3000 euros, aunque de nuevo no existe un límite máximo. Este dinero puede ser aportado también en especie; es decir, puede estar formado en parte por posesiones que ayuden a los socios a llevar a cabo su actividad económica. Algunos ejemplos de esto podrían ser ordenadores, vehículos, teléfonos de empresa…

Dar de alta una sociedad limitada es más complicado que formar una empresa sin persona jurídica. Los miembros tendrán que encontrar un nombre que no haya sido registrado previamente, un objeto social definido y determinado (la actividad a la que se va a dedicar la compañía), añadir un domicilio social, y llevar a cabo una serie de trámites legales antes de poder comenzar a con su ejercicio.

En una sociedad limitada, no todos los socios tienen por qué ser administradores. Algunos de ellos pueden dedicarse tan solo a llevar a cabo la actividad comercial, mientras que otros se encargan de tomar las decisiones que conciernen a la empresa.

En cuanto a tributación, las sociedades limitadas tienen que pagar IVA e Impuesto de sociedades. Sus miembros administradores estarán considerados como parte del régimen de autónomos, mientras que los socios trabajadores entran dentro del régimen general.

Sociedad limitada de formación sucesiva

Una de las formas jurídicas de empresa menos conocidas es la sociedad limitada de formación limitada. Sus características son muy similares a las de una SL normal, con la diferencia de que los socios no tienen que aportar una cantidad mínima de dinero para establecerla. Por el contrario, sus fundadores deben seguir una serie de normas que aseguren el crecimiento de la empresa hasta haber cubierto los 3000 euros necesarios para formar una sociedad limitada normal.

Cuando se haya alcanzado esta cantidad mínima, la compañía pasará a considerarse una SL estándar. Hasta entonces, los socios tendrán que cumplir las siguientes reglas especiales:

  • Al menos el 20% de los beneficios deben ir destinados a la reserva de la empresa hasta alcanzar los 3000 euros.
  • Los socios tan solo podrán repartirse los beneficios cuando los mismos sean mayores al 60% del mínimo legal para constituir una SL. De hecho, si en algún momento estos vuelven a descender, no podrá procederse a la distribución de dividendos.
  • Los socios y administradores solo podrán recibir un beneficio de como máximo el 20% del patrimonio neto. Esto no incluye los sueldos que puedan percibir en calidad de trabajadores por cuenta ajena.
  • Si por algún motivo la sociedad tuviera que ser disuelta, los socios y administradores tendrían que pagar de su propio bolsillo los 3000 euros mínimos de capital si los fondos de la empresa fuese insuficientes para cubrirlos.

Aparte de esto, todas las demás normas que se aplican a una sociedad limitada normal también son válidas para esta opción. Se trata de un intento del gobierno de hacer más accesible la formación de una compañía a los ciudadanos con pocos ingresos, y de hecho es una de las formas jurídicas de empresa de más reciente aparición.

Sociedad limitada nueva empresa

Otro de los subtipos de las SL son las conocidas como sociedades de nueva empresa. Se trata de una nueva opción para emprendedores que permite resolver varios problemas que la mayoría de empresarios se encuentran al tratar de abrir su propio negocio y fomentar el desarrollo de PYMES.

A diferencia de otras formas jurídicas de empresa, las SLNE están pensadas para proyectos empresariales de pequeño tamaño, de tal forma que puedan comenzar con sus actividades económicas de manera rápida y sencilla. Debido a ello, sin embargo, tiene una serie de características que las hacen diferentes a otros tipos de sociedades limitadas.

Por un lado, el máximo número de socios que pueden formar parte de una SLNE es cinco. Todos ellos, además, tienen que constar como personas físicas. Esto es distinto de lo que ocurre en una SL normal, en la que puede haber un número ilimitado de socios (que además pueden ser también personas jurídicas); pero debido a ello, no es obligatorio presentar un libro de registro de socios.

Todos los administradores deben ser socios de la compañía, a diferencia de lo que ocurre en una SL normal. Por otro lado, el objeto social de una sociedad limitada nueva empresa es más genérico y permite a los miembros de la misma desempeñar sus actividades de manera más flexible, de tal forma que puedan cambiar de cometido sin tener que modificar sus estatutos.

Al igual que ocurre en las sociedades limitadas normales, existe un capital mínimo que se tiene que aportar para formar una SLNE. En este caso, la cantidad es de 3012 euros, que además no pueden ser aportados en forma de bienes (a diferencia de lo que ocurre en otras formas jurídicas de empresa).

Sociedad anónima

El último tipo de sociedad mercantil es la sociedad anónima. Se trata de un tipo de compañía donde el capital social se divide en acciones, que pertenecen a los socios. Estos no tienen por qué responder con su patrimonio en el caso de que la compañía genere algún tipo de deuda.

Las acciones de una sociedad anónima tienen un determinado valor en función del que tenga la empresa. Las personas que adquieren parte de este capital social son conocidas como accionistas, y como tal tienen una serie de derechos:

  • Pueden repartirse las ganancias de manera proporcional.
  • Tienen derecho a suscribirse de manera preferente a la emisión de nuevas acciones, es decir, tendrán prioridad para comprar las nuevas que salgan.
  • Podrán votar en una junta de accionistas, que es la que toma generalmente las decisiones de la empresa.
  • Por último, también tienen derecho a estar informados sobre el rumbo que va a tomar la compañía, sus acciones y su estrategia.

El capital social mínimo para constituir una sociedad anónima es de 60.000 euros. Este capital estará dividido entre todas las acciones de la empresa. Asímismo, aunque el número mínimo de socios es 1, una SA puede estar formada por tantas personas como se desee.

Esta forma jurídica de empresa está pensada para sociedades que tengan previsto crecer mucho. Los requisitos a cumplir para constituirlas y mantenerlas son bastante más complejos que los de otros tipos de compañías, pero sus posibles beneficios por lo general también son mayores.

4- Sociedades de economía social

El último subtipo de formas jurídicas de empresa que existen son las llamadas sociedades de economía social. Se diferencian del resto porque, aunque también realizan algún tipo de actividad económica y están estructuradas, cuentan con un fuerte componente social que otras compañías no contemplan.

Dentro de esta categoría, encontramos dos formas de empresa: las sociedades laborales y las cooperativas.

Sociedad laboral

Las sociedades laborales son empresas (ya sean limitadas o anónimas) en las que los propios trabajadores de las mismas son parte del negocio. Tienen algunas características que las diferencian de otros tipos de compañías; las más importantes son las siguientes:

  • La mayor parte del capital de la empresa pertenece a los socios trabajadores. Estos tienen que estar trabajando en ella con un contrato indefinido.
  • Ninguno de los socios puede ser dueño de más de una tercera parte del capital total de la empresa. Esto se hace para evitar que una sola persona sea la que tome las decisiones respecto a cómo va a funcionar la compañía.
  • Existen dos formas de participar en ellas. Por un lado, si los trabajadores son accionistas, tendrán acciones de clase laboral. Si no lo son, las tendrán de clase general.
  • Los trabajadores no socios solo pueden trabajar un número limitado de horas en este tipo de empresas. En general, el número de horas realizadas por trabajadores no socios no pueden ser mayores del 15% de las trabajadas por los que sí lo son. Este número puede aumentarse hasta el 25% en el caso de que la sociedad tenga menos de 25 trabajadores.
  • Los trabajadores no socios tienen preferencia a la hora de comprar acciones de la empresa.
  • Un 10% de los beneficios de la empresa tiene que ir destinado a un fondo de reserva especial, que se utilizará para compensar posibles pérdidas de la compañía.

Las sociedades laborales perciben una serie de beneficios fiscales que hacen que sean una muy buena opción para autónomos que quieren colaborar en la creación de una empresa. Además, el capital inicial requerido para formarlas es de tan solo 3000 euros.

Cooperativas

La última de las formas jurídicas de empresa que existen es la cooperativa. Se trata de un tipo de compañía formada por un grupo de personas unidos por unos intereses comunes, que se asocian voluntariamente para realizar algún tipo de actividad económica con el objetivo de satisfacer una de sus necesidades.

Las cooperativas tienen una serie de características que las hacen distintas al resto de formas jurídicas de empresa. Entre otras formas, el alta y la baja de las mismas es voluntario, y pueden realizarse de forma relativamente sencilla. Además, el objetivo no es ganar dinero, sino conseguir algún tipo de satisfacción personal.

Por lo tanto, en el caso de que existiese algún tipo de excedente económico, este debe repartirse entre los miembros según lo que hayan trabajado y no según el capital inicial que aportasen. Todos los participantes de la cooperativa, además, tiene derecho a votar sobre las decisiones que se toman, que deben ser alcanzadas de forma democrática.

Esta forma de empresa cuenta con algunas ventajas a nivel legal y de administración que hacen que pueda convertirse en una opción muy interesante para aquellos emprendedores que valoran más su satisfacción personal que el hecho de ganar cantidades muy grandes de dinero.

Conclusión

Como has podido ver en este artículo, el mundo de las formas jurídicas de empresa es muy amplio y complejo. Con esta guía esperamos que te haya quedado más claro qué tipos existen, y cuáles son algunos de sus principales puntos a favor y en contra.